Samsung lo ha vuelto a hacer. Cuando parecía que el mercado de los plegables ya había encontrado su zona de confort, la marca surcoreana decide mover el tablero con el Galaxy Z TriFold, un dispositivo que no solo suma una bisagra más, sino que cambia directamente la forma en la que entendemos el concepto de móvil plegable.
La idea es potente y muy fácil de resumir: un smartphone que, al desplegarse por completo, se convierte en una tablet de 10 pulgadas. La realidad, como casi siempre, es algo más compleja. De momento, ya es tendencia. A ver cómo van las ventas.

Un concepto ambicioso que se nota desde el primer segundo
Cerrado, el Galaxy Z TriFold se comporta como un teléfono relativamente “normal”. Pantalla exterior de 6,5 pulgadas, formato alargado y una experiencia familiar para cualquiera que venga de un Galaxy Z Fold.
El giro llega cuando empiezas a abrirlo. Aquí no hay medias tintas ni posiciones intermedias útiles. O está cerrado, o está completamente abierto. Samsung ha apostado por un sistema de tres paneles y dos pliegues que obliga a desplegar todo el conjunto para acceder a la experiencia completa Y cuando lo haces, entiendes el porqué de este producto.
La pantalla interior de 10 pulgadas se siente grande de verdad. No como un “móvil grande”, sino como una tablet compacta con todas las letras. Colores vivos, fluidez constante a 120 Hz y una sensación de espacio que marca distancia frente a otros plegables más pequeños, sobre todo cuando hablamos de multitarea, edición ligera o consumo de contenido.
Potencia y productividad, su verdadero argumento
El Galaxy Z TriFold no va corto de músculo. Snapdragon 8 Elite for Galaxy, 16 GB de RAM y configuraciones que llegan hasta 1 TB de almacenamiento. En el uso real, todo fluye. Cambiar entre apps, mantener varias ventanas abiertas o activar Samsung DeX directamente en la pantalla interior es tan natural como cabría esperar en un dispositivo de este calibre.
Aquí es donde el TriFold empieza a justificar su existencia. No es un móvil para responder mensajes rápido mientras caminas. Es un dispositivo pensado para sentarte, desplegarlo y trabajar, leer, ver vídeos o gestionar varias tareas sin sentir que todo está apretado.

El precio que pagas por llevar una tablet en el bolsillo
Ahora bien, todo esto tiene un coste. Y no solo económico. Con 309 gramos de peso y casi 13 mm de grosor plegado, el TriFold se siente contundente en la mano. No es incómodo, pero tampoco discreto. En el bolsillo se nota. Y mucho.
Abierto, curiosamente, la sensación mejora. El peso se reparte mejor y el conjunto resulta más manejable de lo que uno imaginaría al leer la ficha técnica.
Samsung ha trabajado bien el sistema de bisagras. El recorrido está guiado, hay avisos si intentas plegarlo mal y todo transmite una sensación de producto pensado para durar, algo clave en un formato tan delicado.
Un producto más cercano al futuro que al presente
El Galaxy Z TriFold no es un móvil para todo el mundo. Ni lo pretende Es una declaración de intenciones, una forma de decir hasta dónde puede llegar Samsung cuando empuja los límites del formato plegable. Tiene sentido para usuarios muy concretos: quienes priorizan pantalla grande, multitarea y productividad por encima de la portabilidad absoluta.
¿Es perfecto? No. Los pliegues siguen ahí, el uso en movimiento plantea dudas y el precio lo sitúa en una liga muy exclusiva. Pero tras este primer contacto queda claro algo: el TriFold no busca convencer hoy a las masas. Busca enseñar el camino de lo que podría ser el mañana de los dispositivos móviles.