Hasta hace nada, el nombre de los nitazenos apenas sonaba fuera de círculos sanitarios, policiales o especializados en drogas. Ahora la cosa ha cambiado. Y rápido. Estos opioides sintéticos, considerados por muchos expertos como una de las amenazas emergentes más serias en Europa, ya han dejado una primera muerte confirmada en España. Y eso, lógicamente, ha encendido todas las alarmas.
Para entender por qué preocupa tanto esta sustancia, hay que empezar por una idea simple: los nitazenos no son una droga nueva, pero sí una droga que ha vuelto a aparecer con mucha más fuerza. Fueron desarrollados en laboratorio en las décadas de 1950 y 1960 como posibles analgésicos. El problema es que nunca llegaron a comercializarse por una razón bastante clara: su toxicidad era demasiado alta. Ahora han regresado por la puerta trasera del mercado ilegal y lo hacen con una reputación inquietante: se les atribuye una potencia que puede llegar a ser muy superior a la del fentanilo o la heroína, lo que dispara el riesgo de sobredosis incluso en dosis mínimas.

El caso que ha puesto el foco en España es el de un joven de 21 años fallecido en Navarra en agosto de 2024. Según las informaciones conocidas, había consumido varias sustancias, y los análisis posteriores permitieron detectar la presencia de este opioide sintético. El problema añadido es que los nitazenos no siempre aparecen en los test habituales de hospital. Es decir, pueden estar presentes y pasar desapercibidos. De hecho, una de las grandes preocupaciones de los especialistas es precisamente esa: son difíciles de detectar, tanto en vida como en análisis posteriores.
Nitazenos, la droga con la que se adultera la heroína
Y aquí está una de las claves del asunto. No se trata solo de una droga peligrosa por sí misma, sino de una sustancia que a menudo se usa para adulterar otras drogas, especialmente la heroína. Eso multiplica el riesgo porque muchas personas ni siquiera saben lo que están consumiendo realmente. Creen estar tomando una cosa y en realidad están entrando en contacto con un opioide muchísimo más potente.
En países como Estonia, Irlanda o Reino Unido, los nitazenos ya han causado decenas o cientos de muertes y sobredosis. En España, de momento, la amenaza sigue siendo más limitada, pero nadie se atreve a minimizarla. Entre otras cosas porque la experiencia reciente con otras sustancias demuestra que estas tendencias pueden crecer deprisa si el mercado ilegal las adopta.
Además, hay un contexto internacional detrás. La reducción del cultivo de adormidera en Afganistán tras la vuelta al poder de los talibanes hizo temer una caída de la heroína tradicional en Europa. Y cuando baja la oferta de una sustancia, el mercado negro no tarda en buscar alternativas. Ahí es donde entran los opioides sintéticos como los nitazenos.
En resumen: los nitazenos en España todavía no están al nivel de crisis que se ha visto en otros países, pero el aviso ya está dado. Son difíciles de detectar, extremadamente potentes y especialmente peligrosos cuando aparecen mezclados con otras drogas. Y por eso mismo las autoridades sanitarias y los expertos los miran con mucha más preocupación que curiosidad. Aquí no hay moda pasajera ni sustancia anecdótica. Hay un riesgo serio que conviene tomarse muy en serio.