En Valdebebas hay nombres que empiezan a sonar con más fuerza que otros. Y uno de ellos es el de Manuel Ángel, centrocampista del Castilla, canterano de pura cepa y uno de esos futbolistas que, cuando el balón pasa por sus botas, el juego se ordena solo.
Su presencia en la primera convocatoria de Álvaro Arbeloa como entrenador del Real Madrid no es casualidad.
Es consecuencia directa de una relación futbolística que viene de lejos… y de una apuesta personal muy clara.
El ojito derecho de Arbeloa desde La Fábrica
Arbeloa y Manuel Ángel se entienden sin hablar. Ya lo hicieron en el Juvenil A campeón del triplete en la temporada 2022-23, donde el centrocampista fue capitán y cerebro de una generación brillante. Volvieron a reencontrarse en el Castilla y ahora lo hacen, por fin, en el primer equipo.
Para Arbeloa, contar con “Mami” —apodo que recorre los pasillos de Valdebebas— es tener una extensión de su idea de fútbol sobre el césped. Un jugador que sabe dónde colocarse, cuándo acelerar y cuándo pausar, algo que no se enseña, se intuye.
Su convocatoria rompe lo que muchos dentro del club llamaban ya el “Expediente X” de Manuel Ángel: cómo uno de los centrocampistas más finos de La Fábrica seguía sin aparecer en una lista del primer equipo mientras compañeros de generación ya habían debutado.

Un talento que sobrevivió a un año negro
El camino no ha sido recto. Ni mucho menos. La temporada pasada fue un auténtico calvario físico para el jugador. Lesiones encadenadas, recaídas, una fisura vertebral que lo dejó sin gira, problemas musculares cuando parecía volver… Todo lo que puede frenar a un futbolista joven, le pasó de golpe.
Y aun así, decidió quedarse. Cuando lo normal habría sido salir del Castilla, Manuel Ángel apostó por un año más en casa. Quería sentirse futbolista otra vez. Quería mandar en la medular. Quería cerrar esa herida pendiente con el primer equipo. El resultado está a la vista: continuidad, liderazgo, rendimiento… y llamada.
Qué tipo de jugador es Manuel Ángel
No es un centrocampista físico. No lo necesita. Con 1,70 metros, su fortaleza está en la lectura del juego, en la asociación, en los giros imposibles y en los pases que rompen líneas sin hacer ruido. Es el típico futbolista que no destaca por una acción, sino porque cuando no está, el equipo lo nota.
Raúl ya lo definió el año pasado con una frase que se repite en Valdebebas: “Es un jugador especial. No hay otro igual”. Y Arbeloa lo sabe. Por eso no dudó.
Una oportunidad que llega en el momento justo
Con el cambio de banquillo y la salida de Xabi Alonso, el escenario ha cambiado. Y Manuel Ángel ha estado preparado justo cuando la puerta se abría. No es una promesa. Es un futbolista que ha sufrido, ha esperado y ha respondido.
Ahora queda ver hasta dónde llega. Pero una cosa es segura: Arbeloa no convoca por cariño. Convoca porque cree. Y Manuel Ángel, por fin, está donde llevaba años llamando.